El primer día fue simplemente para tomar contacto con la nieve y el entorno, aprender a colocarse y usar los crampones y un poco del manejo del piolet para las autodetenciones. A mí me pareció un tanto agotador porque la nieve estaba blanda, con costra de hielo, y te hundías hasta la cintura, y pasamos así unas cuantas horas. Salvo por algún pequeño incidente en las autodetenciones por culpa de los crampones, me fui a mi casa con muy buen sabor de boca, aunque no me podía imaginar lo que me esperaba el segundo día...Me levanté temprano, a las 6 de la mañana. Desayuné fuerte, preparé las raquetas de nieve, el piolet, los crampones, el casco, las gafas de ventisca y demás aparejos y fui hasta el edificio de la FMM (Federación Madrileña de Montañismo), lugar de reunión para la salida. Íbamos hacia la estación de esquí de La Pinilla para subir hacia el corredor central del Pico del Lobo, techo de Guadalajara y punto más elevado de la Sierra de Ayllón.
El día fue duro, las pendientes eran considerables y llegando al final de una de ellas me bloqueé completamente presa del miedo. Estábamos terminando de remontar una ladera con pendiente algo pronunciada sin crampones ni piolet, y al llegar arriba la nieve estaba helada y no podía abrir huella con la bota, con lo que me vi paralizado, sin poder moverme hacia arriba o abajo y con una caída por la ladera inminente. Entre los compañeros consiguieron tranquilizarme un poco, y con la ayuda de Agustín, que fue haciendo la huella más grande en la nieve dura con sus botas, conseguí llegar hasta el punto con menos pendiente donde nos pondríamos los crampones.
Algo más relajado después de ponerme los crampones, continuamos con la subida hacia el corredor. Tras un rato llegamos a una cascada de hielo, donde nos detuvimos para tomar agua, aprender algunas operaciones con el piolet y reponer fuerzas antes de enfrentarnos al corredor. Tengo que decir que me sorprendió que hubiera lugares así en la Sierra de Madrid. Había oído que en Gredos había lugares alucinantes, pero descubrir que había una cascada de hielo con un paisaje tan increíble, corredores de nieve y hielo y sitios con esta belleza alpina me dejó alucinado.Tallamos un escalón en la nieve-hielo para reposar un poco los gemelos y poder practicar algunas técnicas de ascenso y descenso. Al coger el piolet y empezar a hacer operaciones con él sientes una seguridad impresionante. ¡Es una herramienta fundamental y divertidísima, ya que la variedad de usos que le puedes dar en un simple corredor muy poco técnico es impresionante!
Hecho esto, y con una lluvia que por el momento no parecía ser demasiado fuerte, comenzamos a dirigirnos montaña arriba hacia el corredor, donde la niebla me impedía ver bien por dónde iban los compañeros diez metros por delante. Aquí iba al borde de mis fuerzas, las piernas estaban muy cansadas, y la nieve que se deslizaba ladera abajo y las bolas de hielo que caían desde el corredor no ayudaban a la sensación de seguridad. Con mucho esfuerzo y animándonos unos a otros conseguimos llegar hasta el final del corredor. Era algo precioso, las paredes congeladas y todo blanco puro.
La bajada no fue menos dura, pero no hubo ningún contratiempo. Tras una paliza como ésta, nos paramos en un pueblecito cercano y nos tomamos un consomé caliente, una cerveza y un merecido bocadillo de chorizo. Qué importante que es disfrutar haciendo lo que uno quiere y estar rodeado de gente amable. ¡Una experiencia única! A todos los montañeros les recomiendo probar la sensación de clavar el piolet en el hielo o la nieve dura, ¡no lo podrán soltar!

